Récord de puestos en el Rastro

15 octubre 2009

El mercadillo callejero de la capital tinerfeña supera por primera vez los mil tenderetes en sus casi 30 años de historia.

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Santa Cruz
Récord de puestos en el Rastro

El mercadillo callejero de la capital tinerfeña supera por primera vez los mil tenderetes en sus casi 30 años de historia

Miles de personas desfilan ayer por el Rastro de Santa Cruz, que batía el récord de número de puestos en toda su historia. josé luis gonzález

DANIEL MILLET | SANTA CRUZ DE TENERIFE
“¡Todo a un euro, señora, todo a un euro!”. “¡Braguitas baratitas, dos al precio de una!”. Productos de todo tipo, desde toallas de Hannah Montana hasta sellos exclusivos. Miles de personas de todas las nacionalidades bajo el sol dominguero dando vidilla a los alrededores de La Recova en busca de una ganga… La jornada de ayer del Rastro de Santa Cruz de Tenerife se ajustó a la normalidad bulliciosa de siempre salvo por una cosa: fue la primera vez en la historia de este mercadillo callejero, nacido hace 29 años, que superaba el millar de puestos.

Los vendedores ofrecían sus chollos, unos con más entusiasmo que otros, ajenos totalmente al récord histórico que estaban protagonizando. Eso sí, la mayoría admitía que el Rastro chicharrero había crecido mucho en los últimos meses como consecuencia de la crisis económica. “Sí, cada vez hay más gente vendiendo, pero cada vez la gente compra menos”, señala Ana Méndez, una de las pioneras del mercadillo en su tienda desmontable de ropa femenina, para quejarse de la proliferación de robos. “Y muchos de los rateros no es gente que parezca tener necesidades. Hasta hemos trincado a personas mayores”, matiza.

La nueva marca la confirmó la presidenta del Rastro, Carmen Tejera, ayer a La Opinión de Tenerife. Mientras atendía a la clientela, que miraba camisas y chaquetas, Tejera explicó que la media solía ser de entre 600 y 700 puestos cada domingo, pero ayer había sobrepasado por primera vez la barrera del millar. “¿Que si es por la crisis? Claro. Pregunte por los puestos para que vea el panorama que se encuentra. Gente sin trabajo que incluso pone a la venta algunos de los objetos de más valor de sus vidas para tratar de salir del apuro como pueda”, señaló.

Justo al lado de ella hay un ejemplo, aunque hay que esperar un rato para conocer la historia de Esperanza Benítez porque de repente se arremolina frente a su quiosco de zapatos un nutrido grupo de curiosos que por lo primero que preguntan no es por si queda calzado de su número, sino por el precio. “Hemos tenido que bajar a dos y tres euros porque con la crisis es más complicado convencer a los clientes”, señala Esperanza. Tanto ella como su marido están en paro y no cobran prestación ninguna por desempleo. Sólo él recibe una pequeña paga de poco más de 400 euros por la Seguridad Social.

Entre 60 y 70 euros. Esperanza Benítez se ha llevado a su familia numerosa (tiene tres hijos) a vivir con sus padres. Admite que últimamente suele sacar por cada domingo entre 60 y 70 euros, “una ayudita que no viene nada mal para llegar a fin de mes y tapar gastos”. “Hay que seguir luchando, qué se va a hacer”, añade con resignación mientras aprovecha un respiro para comerse un perrito caliente bien surtido con cebolla frita y salsa.

El puente por el Día de la Hispanidad hizo que la jornada de ayer estuviera un poco más concurrida de lo normal –suele acudir una media de entre 10.000 y 15.000 personas–. Pero lo verdaderamente llamativo es la expansión de los nuevos puestos, que ha traído consigo una ampliación de la superficie del Rastro. Así, la venta ha pasado a buena parte de la avenida de Buenos Aires y las calles Darias y Padrón, Leoncio Rodríguez, Francisco Bonnin y Bravo Murillo, aparte de la plaza de la sede de Presidencia, más ocupada de lo normal.

La crisis también se nota en la oferta. La ropa y los productos de ferretería y bisutería ganan terreno a los libros y discos de segunda mano. Siguen sin ofrecerse apenas productos alimenticios, a diferencia de otros rastros de la Península, pero esto se explica por la cercanía del Mercado de Nuestra Señora de África, que gracias al mercadillo se anima extraordinariamente cada domingo.

Y eso que vecinos de la zona de El Cabo y Cuatro Torres habían reclamado sin éxito al Ayuntamiento su traslado porque les molestaba. Esta postura minoritaria contrasta con la cantidad de vida que aporta el mercadillo a una capital tinerfeña que se vacía los domingos y contrasta también con la mezcla pacífica de culturas y nacionalidades, que convierten este espacio en un verdadero planeta.

Ibrahima. Ahí está la oportunidad de sacar unos eurillos que le brinda a Ibrahima, un joven senegalés que llegó en cayuco al Archipiélago y que ahora no sólo vende gafas, relojes y carteras de cuero en el Rastro, sino que además se gana la vida cantando para un grupo de rap, Famille Bou Bess, en el que comparte con otros dos menores de los cayucos, Issa y Beyatt. “Con que saque unos 20 o 30 euros ya me voy contento”, dice, mientras cuenta su satisfacción por que el proyecto de Famille Bou Bess esté prosperando.

“¡Mire y compre, señora!”. “¡Ropa buena y baratita!”. Una decena de cazadores de gangas rebuscan entre los montones de ropa. Ayer era su día: había más posibilidades que nunca.

fuente/laopinion.es/

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