Mayor Zaragoza "Ha llegado la hora de desarrollar una cultura para la paz"

14 julio 2009

Federico Mayor Zaragoza, director general de la Unesco entre 1987 y 1999, prefiere hablar de evolución que de revolución desde su atalaya de la Fundación Cultura para la Paz: “No se puede ser inmovilista, afirma, es fundamental adaptarse a los nuevos tiempos y muchas veces la revolución viene por no ser rupturista”.
¿Cómo debe contemplar un ciudadano del siglo XXI, señor Mayor Zaragoza, la efeméride de la Declaración de los Derechos Humanos?

–Estamos ante el acontecimiento más importante del siglo pasado por todas las repercusiones e influencias que conlleva. Tenga en cuenta que acababa de crearse la organización de las Naciones Unidas como respuesta al horror de la Segunda Guerra Mundial y se pensó que esta entidad debía estar guiada por unos principios universales. El borrador fue consultado ampliamente y el 10 de diciembre de 1948 se aprobó en la Asamblea General de la ONU. En su preámbulo se indica el objetivo: liberar a la Humanidad del miedo y de la miseria. Tiene tanta importancia que su contenido se inicia diciendo: “Nosotros los Pueblos hemos decidido evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”, en lugar de hablar de estados ni de gobiernos.

El artículo 1 de esta Declaración es tan importante que si lo tuviéramos en cuenta cambiaría el mundo radicalmente: “Todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y nos comportamos fraternalmente con los demás”. Fíjese el concepto “todos” en lugar de unos pocos que casi siempre han controlado a los demás con diferentes privilegios.

En el actual contexto de crisis mundial, donde los valores universales han quedado aparcados ante la primacía de las leyes del mercado, es fundamental volver a estos orígenes más nobles. Nuestro sistema de libertad puede hundirse si no se apoya en la igualdad. Vivimos una crisis grave tanto a nivel financiero, como medioambiental, energética y alimenticia. Se trata de volver a los orígenes y que los pueblos guíen la sociedad.

–A su juicio, como hombre comprometido por la paz, ¿cuál debe ser el papel de los gobiernos en este contexto para garantizar la vigencia de los derechos humanos?
–Es fundamental que los gobiernos busquen el desarrollo social, donde cada ciudadano deje el concepto de súbdito y tenga un papel activo.

Hay que utilizar la palabra en lugar de la fuerza a la hora de solventar los conflictos; buscar la conciliación y la comprensión.

De alguna forma se pretende que la gente asuma su protagonismo resolviendo los problemas más cercanos que le atañen. Su forma de actuar debe estar guiada por los mismos principios universales de la citada Declaración. En este contexto la educación es fundamental para que cada individuo dirija su propia vida. Educación es pensar por mí mismo y actuar en virtud de mis reflexiones.

–¿Cuál es el papel que se le puede atribuir a organizaciones como Amnistía Internacional y a otras similares en esta lucha por los derechos humanos?
–Todas estas organizaciones, así como la comunidad de filósofos y científicos que tienen una representación influyente, tienen la obligación de ser responsables. No se debe recurrir a la fuerza y hay que desterrar el tópico que indica que “si quieres la paz prepara la guerra”. La paz debe construirse con el ejercicio de los derechos humanos, sabiendo que hay un derecho fundamental que es la vida. Y la vida depende de la nutrición, del agua, de la salud.

Es evidente que las grandes potencias en los últimos años se han alejado de la órbita de los derechos humanos. Ni siquiera han reconocido el derecho a la paz. La labor de estas organizaciones, que tan magníficamente están trabajando, es la de concienciar al poder político de la vuelta a estos valores. Es evidente que la irrupción de las nuevas tecnologías va a generar una democracia genuina no presencial. Ya no será necesario acudir a las manifestaciones de forma directa porque gracias a Internet y a las web 2.0 podremos expresar nuestra opinión.

–¿A qué cree que puede deberse el incremento en determinados países como España de fenómenos como la violencia de género?
–Nuestra sociedad masculinizada debe ir cambiando e incorporando a la mujer como otro elemento clave. Todavía el 95 por cien de las decisiones las toman los hombres. La verdad es que este es un fenómeno con bastante historia, lo que sucede es que antes no salía a la luz pública. En un contexto en el que se ha modificado el rol tradicional de la mujer y se ha transformado el concepto de familia, creo que se está tratando correctamente este fenómeno y que las penas para los violentos deben ser muy duras. Esto no quita para dejar claro que no toda la sociedad es violenta, sino únicamente unos pocos. A veces el tratamiento informativo de los medios puede hacer parecer que la sociedad es en sí misma violenta, y nada más lejos de la realidad.

Otro asunto tan grave como la violencia de género es el de la droga. Hasta la fecha no hemos sabido hacerle frente. Las autoridades se han centrado en perseguir a la oferta en lugar de disminuir la demanda. Es fundamental acabar con la demanda para evitar que el individuo se meta en una espiral sin final.

–Ahora se cumple el octavo aniversario de la creación de la Fundación Cultura para la Paz que usted preside. ¿No es un tópico hablar hoy de una cultura tolerante basada en el diálogo?
–Desde que dejé la UNESCO una de mis preocupaciones ha sido cambiar la cultura actual basada en la guerra por otra desarrollada mediante la paz y el diálogo. Así queda resumido en los Estatutos de esta entidad. Nuestra entidad desarrolla cerca de un centenar de actividades siempre centradas en aspectos como el educativo; igualdad de género; desarrollo económico y social, el apoyo de los medios de comunicación que son imprescindibles y dignidad de todos los seres humanos.

–Respecto al término Alianza de Civilizaciones que los expertos ya han acuñado y algunos políticos también, ¿cómo debe gestionarse de cara a ese sentimiento de paz que busca el ser humano?
–La verdad es que el concepto es muy acertado en su configuración. Debe servir para romper la tendencia nefasta actual donde se invierten 3.000 millones de dólares al día y mueren cerca de 60.000 personas. Será el acicate para movilizar la sociedad y cambiar esta tendencia. Se trata de pasar de una economía de guerra a otra de desarrollo; de una cultura de imposición a otra de conversación. Este término arranca en 1998 del concepto Diálogo de Civilizaciones auspiciado por Hatami, presidente de Irán. Un año más tarde a instancias de un estudio mío las Naciones Unidas aprueban una Declaración de cultura para la paz. Es evidente que los conflictos existirán siempre, pero hay que discutir en lugar de tomar las armas. Este Dialogo tiene como antecedente el Encuentro y un fruto que es la Alianza. Para lograr esta alianza es fundamental que los medios de comunicación apoyen este movimiento concebido para la acción. A veces los problemas surgen del desconocimiento entre los pueblos.

Fuente/xornalgalicia.com

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