¡Por fín baja la vivienda nueva!: Hay crisis, señores.
Todo llega, señores, todo llega. Dos años y medio después de que los bancos ejecutaran las garantías a los dueños de Inmobiliaria Colonial y pusieran el sello oficial a la mayor crisis de la historia en el sector inmobiliario español, el precio de la vivienda nueva baja por primera vez en nuestro país en tasa interanual. Exactamente un 0,2% en el primer trimestre. Las cifras del Índice de Precios de Vivienda (IPV) que elabora el Instituto Nacional de Estadística demuestran que sí, que una vez hubo burbuja inmobiliaria en España. Y que explotó, como las de Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda, aunque las cifras oficiales hayan reflejado otra cosa hasta el mismísimo cierre de 2008. De coña.
Ayer mismo se conoció que los precios de la vivienda han subido en Reino Unido por segundo mes consecutivo y en contra de las previsiones de los analistas. Y que en Estados Unidos caen un 18,1% interanual hasta abril, a un ritmo más bajo del esperado . He aquí dos brotes verdes en toda regla que no vienen precisamente de la casualidad. Como en el resto de los mercados que han sufrido una burbuja, los precios en ambos países han sufrido descensos de hasta el 50%. Es decir, un desplome brutal y a toda velocidad, al ritmo que marca la cultura anglosajona. Como el del sector financiero, sin ir más lejos.
Mientras, en casa, seguimos mirando hacia otro lado, como si quisiéramos ocultar que nuestro gran problema es el ladrillo. No hay otro mayor para los bancos, que tragan y tragan activos de promotores para que su morosidad no alcance cotas inadmisibles, ni para los ciudadanos que han comprado en los tres últimos años y se encuentran con un activo prácticamente ilíquido entre las manos, y no digamos para las propias inmobiliarias, o quebradas o sostenidas artificialmente por refinanciaciones de corto alcance en su inmensa mayoría.
¡Y todavía hay quien niega que los precios puedan bajar más! Deberían explicarnos por qué, sí así ha ocurrido en mercados mucho más líquidos como el britanico o, aún más, el estadounidense. La respuesta es muy simple: porque los interesados siguen esperando que la situación toque fondo y salir de la batalla con los menores daño posibles. La banca puede esperar todavía, a costa claro de aligerar unos balances al límite restringuiendo brutalmente el crédito al ciudadano de a pie. Los promotores, zombies la inmensa mayoría, no.
El problema es que están atados de pies y manos por los bancos que les han financiado, que no les permiten bajar más los precios y vender, que es lo que necesitan, aún asumiendo pérdidas. Lo otro, no bajar precios, es mantener un stock de un millón de viviendas en el dique seco, generando unos costes de mantenimiento y asumiendo una depreciación sencillamente insoportables.
Sólo falta la orden de los jerifaltes de la gran banca para que la caída, la de verdad que aún está por llegar, sea una realidad y se traslade con todo su peso real a unas cifras oficiales poco creíbles. Porque claro que la vivienda ha bajado, pero no lo suficiente para permitir una reactivación real de la demanda en un país abocado a una tasa de paro cercana al 20% y parece que a una subida general de impuestos a la vuelta de la esquina que va a reducir de forma más que relevante su poder adquisitivo. Eso por no citar los ya manoseados problemas para conseguir una hipoteca.
¿Qué cuánto puede bajar la vivienda? Hasta lo que dice el sentido común. Sólo un dato: la crisis económica y el aumento del paro ha provocado que la tasa de emancipación no llegue al 50% de la población joven y que el salario medio de los españoles entre los 18 y los 34 años se sitúe en 14.500 euros netos al año, según datos del Observatorio Joven de Vivienda. De acuerdo en que este perfil no es el único, pero es innegable que gran parte del stock no es precisamente vivienda de lujo -que sí está siendo adquirido, con jugosos descuentos, por las grandes fortunas-, sino que está destinada a nuestra clase media.
Y convendría que está no volviera a endeudarse muy por encima de sus posibilidades -pagar una letra de más del 30% de los ingresos totales de una familia es una barbaridad muy practicada en este país-, lo cual requiere -hagan cuentas- una rebaja radical de los precios. Pero por algo se empieza. La vivienda nueva ya baja oficialmente en este país. ¡Albricias!
Fuente:finanzas.com